jueves, 19 de junio de 2014

TRATADOS ENTRE GRAN BRETAÑA Y ESPAÑA (1713)

Por: Carola Pozo Cortez


LA REORGANIZACIÓN ADMINISTRATIVA

La división de américa en virreinatos, capitanías generales y gobernaciones implantada a mediados del siglo XVI se mantuvo casi sin alteraciones hasta el siglo XVIII, a pesar del crecimiento de la población y de las distintas condiciones políticas y económicas derivadas del natural desarrollo que habían experimentado las posesiones españolas.

Con toda razón, los Borbones resolvieron implantar un nuevo esquema administrativo que respondiera a la realidad de ese siglo y también a los problemas internacionales derivados de la política expansionista asumida claramente por Inglaterra a partir del Tratado de Utrecht





TRATADO DE UTRECHT

Los tratados entre Gran Bretaña y España


Creditos: Wikipedia
Los representantes de Felipe V —que habían permanecido retenidos en París casi un año (entre mayo de 1712 y marzo de 1713) por orden del marqués de Torcy para que no interfirieran en las negociaciones, aunque con la excusa de que necesitaban un pasaporte para ir a Utrecht— se incorporaban al acuerdo con la firma del Tratado, el 13 de julio, entre el reino de Gran Bretaña y el reino de España.

Los embajadores de Felipe V, el duque de Osuna y el marqués de Monteleón, llevaban instrucciones muy precisas de su rey, en sentido que mantuvieran el reino de Nápoles para su Corona, ya que «nación ninguna habría de traficar derechamente en las Indias ni habría de llegar a sus puertos y costas» y en caso de concederles ventajas las naves serían españolas y deberían partir y retornar a puertos españoles.
Un tema al que concedía mucha importancia era el referido al caso de los catalanes —en aquellos momentos Barcelona todavía resistía el cerco borbónico— sobre el que afirmaba que «de ninguna manera se den oídos a propósito de pacto que mire a que los catalanes se les conserven sus pretendidos fueros».
De las instrucciones que recibieron de Felipe V los plenipotenciarios tuvieron que hacer concesiones en todos los apartados, y su único éxito en realidad fue mantener lo referido al "caso de los catalanes".
Gran Bretaña recibió Gibraltar y Menorca y amplias ventajas comerciales en el imperio español de las Indias, concretadas en el asiento de negros, que fue concedido a la South Sea Company y en virtud del cual podía enviar a la América española un total de 144.000 esclavos durante treinta años, y el navío de permiso anual, un barco de 500 toneladas autorizado a transportar bienes y mercancías a la feria de Portobelo y libres de aranceles. Con estas dos concesiones se rompía por primera vez el monopolio comercial que había mantenido la Monarquía Hispánica para sus vasallos castellanos durante los dos siglos anteriores —los términos en que debía operar el navío de permiso fueron concretados en un sentido aún más favorable para los intereses británicos en el tratado comercial que se firmó en 1716—.20
Le siguieron otros 19 tratados y convenciones bilaterales y multilaterales entre los estados y monarquías presentes en Utrecht, entre los que destacan:
  1. Tratados entre Francia y las Provincias UnidasBrandeburgoPortugal y el ducado de Saboya (julio de 1713).
  2. Tratados entre España y el ducado de Saboya (julio de 1714), las Provincias Unidas (julio de 1714) y Portugal (febrero de 1715).
  3. Convenios comerciales entre Gran Bretaña y España (marzo y diciembre de 1714 y diciembre de 1715).

Consecuencias: El "equilibrio de poder" en Europa


Para la Monarquía de España, la paz de Utrecht supuso, como han señalado muchos historiadores, la conclusión política de la hegemonía que había detentado en Europa desde principios del siglo XVI. El gran beneficiario de este conjunto de tratados fue Gran Bretaña que, además de sus ganancias territoriales, obtuvo cuantiosas ventajas económicas que le permitieron romper el monopolio comercial de España con sus colonias

Por encima de todo, había contenido las ambiciones territoriales y dinásticas de Luis XIV, y Francia sufrió graves dificultades económicas causadas por los grandes costes de la contienda. El equilibrio de poder terrestre en Europa quedó, pues asegurado, mientras que en el mar, Gran Bretaña empieza a amenazar el control español en el Mediterráneo occidental con Menorca y Gibraltar. Como ha señalado Joaquim Albareda, "en último término, la paz de Utrecht hizo posible que el Reino Unido asumiera el papel de árbitro europeo manteniendo un equilibrio territorial basado en The balance of power de Europa y su hegemonía marítima".

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